Mis palabras en el Senado en homenaje al Ingeniero Julio Bartol
SEÑOR BORDABERRY.- Señor presidente: el pasado domingo falleció el ingeniero Julio Bartol.
Julio Bartol fue un gran uruguayo, uno de esos que aparecen de tanto en tanto, que se destacan y que son generosos. Era miembro de la Academia Nacional de Ingeniería. Estudió en la Universidad de Cincinnati, Ohio, en Estados Unidos, donde se graduó de ingeniero metalúrgico.
Sus primeros trabajos fueron en los laboratorios de investigación de Armco Inc., una de las principales acerías del mundo. En 1962, trabaja para dicha empresa en Chile, y en 1968 asume como gerente general de Armco Chile. En 1971, es trasladado a Italia como encargado director gerente de Armco Moly Cop SpA para instalar una nueva planta de molienda de minerales que abasteciera a los mercados de Europa, Medio Oriente y África. En 1975, una vez terminada su tarea, es transferido a los Estados Unidos como gerente mundial del Sistema de Molienda de Minerales. En 1980, es nombrado vicepresidente de Armco Inc., y presidente de la División Latinoamericana con sede en Montevideo.
Realizó una carrera que, de haber sido futbolista en lugar de ingeniero, nada tendría que envidiar a Luis Suárez o Edinson Cavani. Desde Montevideo, dirigió veinticinco plantas procesadoras de Armco en ocho países.
Si bien en 1993 se retira de Armco, los que poseen el espíritu emprendedor, el optimismo y la vitalidad de Julio Bartol nunca se retiran. Adquiere un campo en la zona de Gregorio Aznárez, Maldonado, donde construye un verdadero paraíso al que llama Fátima. Quienes tuvimos la enorme suerte de visitarlo, no podíamos dejar de admirarnos por lo que había hecho y lo que seguía haciendo. Forestó gran parte del predio, pero no se limitó a la mera plantación y corte.
Siendo un ingeniero retirado construye en el predio una planta de secado de madera, y luego comienza a experimentar con el secado de la madera y las energías renovables. De esa forma, desarrolla un aparato y método de secado continuo que en pocas horas transforma la madera en una fuente de energía limpia y de alta calidad. Patenta el aparato en el país y en el extranjero. Pero no se queda ahí, lleva a cabo otra invención: un proceso sustentable para la cogeneración de arrabio y de energía eléctrica, usando la leña como combustible. De esa forma, soluciona los problemas de contaminación ambiental, el alto consumo de energía fósil y el mal uso de los materiales de las acerías tradicionales. Con su proceso se lograría el «acero verde», que patenta en Uruguay y en el exterior. Cuando en el período pasado en la Comisión de Hacienda discutíamos los cambios a la legislación minera para favorecer a Aratirí, Julio Bartol señalaba que lo que se proponía no era viable, pero que podía serlo si se le prestaba atención a este nuevo proceso. Incluso, recordará el señor senador Heber –creo que, de quienes hoy estamos acá, somos los únicos que integrábamos esa comisión, junto con el actual intendente de Montevideo, ingeniero Daniel Martínez– las lúcidas comparecencias del ingeniero Bartol en la Comisión de Industria, Energía, Comercio, Turismo y Servicios. Lamentablemente, no se le prestó atención y el ingeniero Bartol licenció sus patentes en el exterior, entre otros lugares, en Brasil. Él repetía: «en Uruguay tenemos todo para ser un flor de país siderúrgico y verde, que esa es la gran contra que tiene el acero pues es sucio. Nosotros no necesitamos el carbón».
Fue un académico de honor de la Academia Nacional de Ingeniería, profesor invitado en la Facultad de Ciencias Empresariales y Economía de la Universidad de Montevideo. También formó una consultora con el fin de promover inversiones en América Latina y entrenar a personas en el manejo de empresas en economías inestables.
Con María Mercedes Viana Martorell formó una gran familia que se reunía con él en Fátima. Hijas, yernos, nietos, sobrinos y amigos lo rodearon y siempre él les respondió con una sonrisa, con el optimismo y la vitalidad que lo caracterizaron.
Hoy, en el Senado de la República, creo que es bueno para todos, pero en especial para el Uruguay, recordar a uno de los grandes hijos del país.
Solicito que la versión taquigráfica de mis palabras sea enviada a la Academia Nacional de Ingeniería y a los familiares del ingeniero Julio Bartol.
