Mis palabras en la sesión con la Ministra de Educación y Cultura

Sesión del 29 de setiembre de 2015
SEÑOR BORDABERRY.- Pido la palabra.
SEÑOR BORDABERRY.- Señora presidenta: antes que nada quiero agradecer la presencia de la señora ministra, del señor subsecretario y de todos los consejeros y directores por acompañarnos hoy. También quiero felicitar al señor senador Larrañaga por la iniciativa, porque siempre es bueno que nos demos instancias como esta para analizar rumbos.
Mientras escuchaba atentamente a quienes han intervenido pensaba cuál podría ser el aporte a esta discusión desde la bancada del Partido Colorado. Quizá tengamos una visión un poco distinta o más alejada de los datos del día a día. Vemos que estamos empantanados en la discusión. De un lado dicen que se invierte más en educación y del otro que hay peores resultados. Los dos tienen razón: se invierte más dinero y los resultados son peores.
Voy a resistir la tentación de hablar de aportes en materia de la UTEC y del interior. La historia fidedigna de la sanción dice que el partido de gobierno no quería que estuviera en el interior, pero fue una iniciativa de nuestro partido quien insistentemente dijo que esto tenía que estar radicado en el interior y tenemos los documentos que intercambiamos en las comisiones. Tenemos las cartas de unos y de otros, pero se ve que de tanto en tanto se quieren repetir esas cosas. Me parece que quizá deberíamos dejar de lado el tema de que hay más presupuesto y de que los resultados son malos, alcanza con ver las pruebas PISA, las Terce, etcétera, etcétera. Se nos ocurre que podemos echar una mirada a los últimos cuarenta o cincuenta años y ver qué es lo que se ha hecho, qué es lo que ha pasado y a partir de ahí ver hacia dónde tenemos que ir.
Creo que el proceso militar hirió de gravedad a la educación nacional cuando rompió el paradigma del mérito como llave de acceso y permanencia en el cargo para los educadores y le abrió la puerta a la política. Quizá ese fue uno de los retrocesos más grandes porque se rompió el paradigma del mérito en los educadores.
Cuando se recuperó la democracia, la primera Administración del doctor Sanguinetti se concentró en corregir las arbitrariedades acumuladas tras muchos años, pero no pudo sentar las bases para constituir la educación como un eje de desarrollo nacional.
El gobierno del doctor Lacalle también fracasó. No intentó una reforma del sistema educativo. A su vez, intentó y fracasó en una reforma del Estado.
Nos tenemos que detener en la segunda presidencia del doctor Sanguinetti que dio una nueva oportunidad para iniciar un proceso profundo de transformación de la educación. Él había aprendido la lección y optó por configurar un equipo capaz de diseñar e iniciar una política de Estado en la educación. Concretamente, propuso como director al profesor Germán Rama; quizás, en ese momento, la persona que más sabía de los problemas de la educación nacional y de las estrategias posibles para la solución, las que ya había esbozado cuando en los años sesenta le tocó integrar los equipos técnicos de la CIDE y, después, de la Cepal.
Rama no fue solamente propuesto por un partido, estuvo acompañado por un equipo técnico multipartidario formidable, compuesto por el profesor Claudio Williman, de altísimo nivel del Partido Nacional; por la maestra Rosa Márquez, técnica de confianza del Herrerismo, del doctor Lacalle; por la profesora Nelly Leites, vinculada al Partido Colorado; y por la profesora Carmen Tornaría, una destacadísima docente de secundaria, militante del Frente Amplio, cercana al entonces candidato presidencial por esa fuerza. Ese fue un movimiento valiente; diría, mirado desde la distancia, mucho más valiente de lo que nos imaginamos.
Si bien Germán Rama y su equipo sentaron las bases para configurar una política de Estado, no tuvieron el tiempo suficiente para concretarla. Las rencillas internas en algunos partidos, así como la frialdad de cálculo y la avidez por acceder al poder, no permitieron contar con todo el apoyo que se merecían.
Recuerdo conversaciones con el profesor Rama, particularmente una en la que, casi con lágrimas, me contó que cuando inauguraron la primera escuela de tiempo completo en la ladera del Cerro, esa misma noche, los que estaban en contra de esa reforma, le llenaron los desagües con escombros y material y se la inundaron. Sin embargo, hoy ya nadie discute las escuelas de tiempo completo y nos peleamos por saber cuántas vamos a hacer.
El profesor Rama enfrentó paradigmas derivados del Consenso de Washington y del propio modelo chileno que en aquel entonces se estaba proponiendo e hizo un modelo a la uruguaya. Tal vez, es por esta razón que el primer y el segundo gobierno frenteamplista tuvieron tantos problemas para estructurar un plan de educación propio. ¿Saben qué pasa? ¿Saben qué le sucede al Frente Amplio? Imaginen que van al psicólogo a preguntarle qué les pasa, por qué no pueden. Lo que ocurre es que la reforma que el país necesita
–lo saben todos los técnicos frenteamplistas– huele demasiado a Germán Rama. No se trata de que no les gusta la reforma, lo que no les gusta es Germán Rama. ¡Olvídense de Rama! ¡Tiene más de ochenta años y está de vuelta! ¿Saben por qué? Porque muchos técnicos del Frente Amplio actuales participaron de esa reforma.
Como nación, en los últimos 40 años, hemos dilapidado buena parte de nuestra suerte y no hemos sabido aprovechar las oportunidades y los esfuerzos que iban en la dirección correcta, siempre por intereses políticos mezquinos.
Germán Rama decía: «El país necesita apostar decididamente por la incorporación a la educación de los niños y niñas en edades tempranas. Llevar progresiva y decididamente la totalidad de los centros educativos urbanos de inicial, primaria y secundaria a funcionar en la modalidad de tiempo completo. La educación media debe agregar valor y dejar competencias, técnicas y académicas, en todas las personas jóvenes. El docente, protagonista estelar del proceso educativo, necesita recuperar su prestigio y su práctica como un profesional liberal modelo, mucho más como miembro de una comunidad académica que como integrante de un sindicato. Es más, los sindicatos de la educación debieran proyectarse para funcionar y visualizarse como verdaderos colegios profesionales».
Creo que el Gobierno actual del presidente Vázquez vuelve a dar signos de retomar la esencia de esa agenda que dejó planteada la Reforma Rama.
No es necesario hablar de ADN. El ADN de nuestra educación nos viene del padre Artigas y de la frase: «Sean los orientales tan ilustrados como valientes»; nos viene de Jacobo y José Pedro Varela y la escuela pública laica, gratuita y obligatoria; de Enriqueta Compte y Riqué y la educación inicial; de los liceos públicos de José Batlle y Ordóñez en cada capital departamental; nos viene de la Escuela de Artes y Oficios y de lo que hizo Pedro Figari –a quien homenajearemos dentro de poco tiempo aquí en el Senado–; nos viene de Grompone y el IPA y nos viene de Germán Rama, también. No es una persona; ese es nuestro ADN.
Cuando hoy nuevamente se habla de pacto –se nos tiende la mano y nosotros estamos de vuelta dispuestos a tenderla– hacemos la misma pregunta que formulamos hace dos o tres años cuando se nos propuso el segundo acuerdo, el segundo pacto. En seis años, este será el tercer pacto que quiere impulsar el sistema político y la pregunta al oficialismo es la siguiente: ¿Pueden cumplirlo? ¿Están dispuestos a cumplirlo o no? ¿Van a gobernar y a tener la valentía de llevar adelante lo que decidamos entre todos o no? Si están dispuestos a hacerlo, estaremos para acompañar; ahora bien, juntarnos por tercera vez en cinco años para hacer un pacto que después no se cumple, no, porque no estamos para ser socios de fracasos. Y para cumplirlo es necesario retomar ese espíritu que hizo que todos estuviéramos representados en el gobierno de la educación, como lo estuvo el Frente Amplio con la profesora Tornaría; el Partido Nacional con Rosa Márques y Williman y el Partido Colorado con Rama. Eso es lo que necesitamos hoy. Ese es el verdadero pacto. Eso es lo que necesita el Uruguay. Después veremos si estos programas –el de transición, el de las escuelas de tiempo extendido o tiempo completo– son buenos o no, pero sin voluntad política para llevar adelante esto, no creo que tengamos suerte.
Señora presidenta: debemos mirar al mundo, al tiempo y darnos cuenta que nosotros seguimos peleándonos por el pasado y no por el futuro.
¿Cuál es el objetivo? Creo que todos tenemos el objetivo, no solo en la educación, sino en la actividad política, de alcanzar el desarrollo y construir una sociedad más libre, próspera, justa, solidaria y segura.
Hoy estamos presenciando una revolución, creo que la más grande de la historia de la humanidad. La humanidad experimentó varias revoluciones a lo largo de su historia, tales como la agrícola que permitió dar un gran salto y salir del mundo nómade para entrar al mundo sedentario de las aldeas y las ciudades; la industrial, con sus máquinas a vapor y la producción en serie, que permitió una enorme productividad y mejora de la vida; y la de la sociedad, el conocimiento y la información, que es la que vivimos hoy. Estamos presenciando algo mucho más profundo. Hace quince o veinte años no existía el computador personal para uso de todos nosotros; no existía el fax, el teléfono celular, WhatsApp, Google, Facebook ni Instagram, todas estas cosas que nos llevan a vivir hoy de otra forma. Hay miles innovaciones que se vienen, pero hay diez que son fundamentales y una es que los objetos van a cobrar vida. Las máquinas van a trasmitir información directamente a los fabricantes sin preguntarnos. Lo mismo sucederá con los automóviles, con los talleres y con las personas frente a los médicos. El mundo será como el cuerpo humano interconectado y trasmitiendo información.
Nuestros niños que hoy ingresan a la educación inicial van a aprender hoy cosas que quizá no les van a servir; lo único que tenemos que enseñarles es a enfrentar ese mundo.
¿Estamos preparándonos en Uruguay para esta nueva revolución? ¿Estamos pensando en este nuevo mundo que se viene? No, estamos discutiendo si ponemos un peso más o menos y si las pruebas Pisa y Terce nos dan o no los resultados esperados. Creo que es tiempo de levantar la mirada, de avanzar en una institucionalidad que nos permita una visión de largo plazo y mayor continuidad en las políticas públicas en materia de educación.
Como bien dijo el señor senador Mieres, si ponemos a los principales referentes en educación de los partidos políticos en un cuarto, no ya en una tarde sino en dos horas, se ponen de acuerdo. El problema es cuando salen de ahí y cuando tenemos que hacer lo que debemos hacer. Tenemos que prepararnos para un nuevo paradigma en la educación, en el que los estudiantes aprendan desde sus casas, conectados con los mejores establecimientos y profesores del mundo, y vayan a las escuelas a hacer sus tareas y a resolver problemas con sus educadores.
Estoy seguro que interpreto el sentir de toda nuestra bancada cuando digo que estamos dispuestos a hacer un pacto, señora presidenta, que deje explícitamente sentados los principios que deberán guiar las políticas educativas en las próximas dos décadas y que tiene que empezar por declarar, con meridiana claridad, que la educación es el instrumento por excelencia para alcanzar la cohesión social de todos los orientales. Para ello, todos los actores –nosotros, los primeros– tenemos que estar dispuestos a poner el interés supremo del colectivo por encima de los intereses particulares, corporativos y sectoriales, a fin de garantizar el derecho de todo niño, niña, adolescente y persona adulta a recibir una educación de calidad.
También deberíamos reconocer que la Constitución de la república establece que la soberanía radica en la nación, que ella se manifiesta a través del voto y que quienes representan al pueblo son sus representantes y no otros.
Con esto no atacamos la autonomía de los organismos de la educación; lo que decimos es que si hacemos un pacto, después tenemos que designar, en los propios organismos, a quienes pueden llevarlo adelante. Eso implica respetar la autonomía administrativa pero también reasumir la conducción política por parte del Poder Ejecutivo y de los representantes del pueblo.
No voy a tomar más tiempo a este Senado; tenemos escritos los siete ejes para responder al pacto y solamente espero que, si vamos a hacer un pacto más, que sea en serio. Si se quiere hacer un pacto con todo el sistema político, debería empezarse por analizar por qué se lo dejó fuera de los organismos de conducción de la educación y de su designación. Quizás debería analizarse eso porque ahora resulta que a aquellos de quienes se dijo que se les iba a dar el control social, y por ello no iban a tener el control político, les están reclamando lo que no quieren y miran al sistema político en busca de ayuda. Hagamos un pacto por la educación con valentía, con coraje; no tenemos nada más importante que hacer en este Parlamento, creo yo.
Gracias, señora presidenta.
