El deporte no es de los violentos
José Amy
En los últimos tiempos la violencia se ha convertido en un hecho recurrente en nuestro país y en el mundo entero, no es un fenómeno nuevo, pero hoy hemos llegado a que es usual escucharlo a diario. La población asimila y acepta cada vez más estos comportamientos perdiendo su capacidad de asombro. La violencia esta en las relaciones personales, profesionales, de pareja, políticas, deportivas, por ello, cuando decidimos abordar la problemática tenemos que tener en claro que el fenómeno es multidimensional y multicausal, que va unido a un sinnúmero de factores, económicos, políticos, sociales. Las actividades deportivas han dejando de ser el espectáculo público donde la familia y los deportistas solían disfrutar de un entretenimiento saludable, para pasar a ver un campo de batalla donde decenas de inadaptados, -donde debemos incluir en algunos casos a los mismos deportistas- arruinan el juego y alejan al “buen espectador” del deporte. La falta de valores deportivos o poseerlos habiendo sido mal inculcados, se unen al consumo de drogas y la ingesta de alcohol, desembocando en sucesos lamentablemente antideportivos. Para poder hacer un análisis minucioso sobre la problemática debemos hacernos al menos tres preguntas fundamentales: ¿Cuáles son las causas del problema y sus consecuencias? ¿Cuáles han sido al momento las soluciones, que se ha omitido? ¿Cómo podríamos mejorar en pro de un deporte sin violencia? Comenzando con la primera, la falta de seguridad y organización de los eventos que ocasionan el sistemático aumento de la violencia, segundo y en relación con lo organizacional, la elección de un lugar conveniente para el deporte, donde las hinchadas estén separadas y bajo una debida custodia de la autoridad policial, tercero, la falta de un derecho de admisión que prohíba la entrada a personas que ya tienen antecedentes conflictivos en lugares deportivos, cuarto, falencias en el marco legal que regula la violencia deportiva, quinto y ultimo ya aludido que es el consumo de estupefacientes, ya sean “legales” o ilegales. Las consecuencias, son bastante claras: el deporte se desvaloriza, la familia ya no asiste, la inseguridad aumenta y esto crea un ambiente cada vez más violento. Sin embargo debemos resaltar que en Uruguay existe una ley sobre “violencia en el deporte” -ley 17.951- que esta operativa desde el año 2006, dicha ley para realidad de hoy, no contiene algunos fenómenos nuevos, eso sumado a cierta inoperancia ejecutiva, a la entrega de entradas a los barras bravas, los operativos fallidos, desembocan en incidentes fatales. La autocrítica no existe, el Ministro acusa a la oposición, a los medios o como hizo últimamente a las propias fuerzas policiales. Una de las variables existentes al marco del 2006 es el aumento de la violencia en el Interior, por ello quien suscribe ha presentado el día 6 de Marzo del corriente año un proyecto de ley que pretende introducir disposiciones complementarias a la Ley 17.951 a efectos de que esta tenga un mayor alcance práctico ante las situaciones que se ven a diario. Se propones entre tantas, tres cuestiones de cabal magnitud: 1-Establézcase la prohibición total de la venta o expendio de bebidas alcohólicas en todos los eventos deportivas. 2- Créase la Comisión Departamental Honoraria para la Prevención, Control y Erradicación de la Violencia en el Deporte. 3- Derecho de Admisión.- Los clubes deportivos podrán ampararse en el Derecho de Admisión para prohibir el ingreso a los espectáculos deportivos para evitar el acceso de personas que cuenten con antecedentes de hechos violentos en estos. Aportando cada nuestro granito de arena desde donde estemos, podremos ganar la batalla contra la violencia en el deporte, porque el Deporte no es de los violentos
