Es Posible la Concordia

pedroEl 23 de marzo pasado falleci贸 el art铆fice de la construcci贸n de la Espa帽a moderna, Adolfo Su谩rez. En su tumba, en Avila, hay una l谩pida que dice 鈥淟a Concordia fue Posible鈥.

Ese epitafio recuerda lo que para los historiadores fue 鈥渆l momento de luz, acaso un chispazo鈥,聽 que hizo ver a los espa帽oles y los convenci贸 a ellos y al mundo, de que Espa帽a pod铆a ser democr谩tica y pujante.

Adolfo Su谩rez, entonces Presidente del gobierno espa帽ol, fue el art铆fice de ese momento de luz que se concret贸 en los Pactos, porque fueron dos, de la Moncloa.

En el oto帽o de 1977 Espa帽a se encontraba en serios problemas. Una inflaci贸n galopante, un gobierno que hab铆a accedido al poder unos meses antes s贸lo con el 35% de los votos, manifestaciones en las calles y una balanza comercial que cada d铆a era m谩s desfavorable, entre otras cosas, ataban al novel gobierno.

Pero esas mismas dificultades, pol铆ticas y econ贸micas, fueron precisamente las que terminaron siendo la fortaleza del plan de Suarez. Lo oblig贸 a pensar m谩s all谩 de la coyuntura en materia econ贸mica y m谩s all谩 de su propio Partido en lo pol铆tico dado que no ten铆a mayor铆as.

Convoc贸 entonces a los partidos pol铆ticos, a los Sindicatos, las C谩maras empresariales y actores sociales a un gran pacto donde se obligaron a seguir un programa pol铆tico y econ贸mico.

Al suscribir el Pacto todos hicieron concesiones pero los frutos del consenso, del acuerdo, fueron enormes.

Junto con Su谩rez, el otro impulsor del acuerdo fue su Ministro de Econom铆a, Enrique Fuentes Quintana, quien sosten铆a que no deb铆a buscarse una pol铆tica basada en una ideolog铆a en particular sino en la resignaci贸n por parte de todos de algunos principios para lograr el bien com煤n.

En un recordado mensaje televisivo Fuentes Quintana afirmaba que 鈥漞l camino es la negociaci贸n. El pa铆s ha mostrado un deseo inequ铆voco e irreversible de renuncia a la imposici贸n como v铆a para resolver los conflictos, y porque la oposici贸n es parte del poder. Los problemas planteados son problemas que afectan al inter茅s nacional, y que exigen para su soluci贸n la participaci贸n de todos los grupos, y de todos los partidos鈥.

En el Uruguay de hoy necesitamos un Pacto de ese tipo.

Un Acuerdo en el que todos cedamos un poco nuestras posiciones y busquemos de forma pragm谩tica los caminos que nos permitan avanzar m谩s all谩 de las diferencias l贸gicas y humanas que tenemos.

Un Pacto por el Futuro que ponga el acento en nuestras coincidencias y no en nuestras diferencias. Porque existen las primeras que son mayores que las segundas.

Lleg贸 el momento de dejar de cerrar el pu帽o y de extender la mano. De cambiar el ce帽o fruncido por la mirada de esperanza y de buscar lo que nos une y no lo que nos separa.

Discutamos con pasi贸n pero acordemos de forma pragm谩tica los equilibrios adecuados para que progrese toda la sociedad. Realicemos un listado de los temas en los que estamos de acuerdo.

Dejemos de lado, en principio, lo que nos separa. Hagamos, como dec铆a Francisco de As铆s, primero lo necesario, sigamos por lo posible que pronto nos encontraremos haciendo lo imposible.

En ese listado con seguridad incluiremos remunerar de forma igual seg煤n el g茅nero, es decir a igualdad de tareas misma remuneraci贸n para el hombre y la mujer.

Tambi茅n incluiremos la educaci贸n y la necesidad de darle a todos los uruguayos las mismas oportunidades de desarrollar sus capacidades y adquirir las destrezas.

Otro cap铆tulo deber谩 referirse a la inserci贸n de los j贸venes en el mundo del trabajo, pero tambi茅n la situaci贸n de quienes ya con m谩s obligaciones y edad necesitan reinsertarse al perder el empleo.

Buscaremos garantizar condiciones de salud y seguridad en el trabajo, buscando consensos severos, bajo la mirada vigilante del Estado y el compromiso y responsabilidad de trabajadores y empleadores.

El control de la inflaci贸n, que tanto golpea a los asalariados, el d茅ficit fiscal, la responsabilidad fiscal, deber铆an tambi茅n incluirse.

Estoy convencido que los uruguayos hemos alcanzado la madurez suficiente para someter las cuestiones del progreso y los equilibrios sociales a una negociaci贸n del m谩s alto nivel. Para discutir y alcanzar, como lo hicieron los espa帽oles con la Moncloa, un verdadero pacto social, para el progreso, la convivencia democr谩tica y la justicia.

Adelanto mi voluntad y mi m谩s firme compromiso de buscar un聽 gran Pacto de esta naturaleza, un pacto por el Futuro en el que participen trabajadores, empresarios, partidos pol铆ticos la sociedad toda.

Un gran acuerdo聽 que nos permita avanzar en materia de estrategias de crecimiento, de aumentos de la productividad y la justa distribuci贸n de los beneficios que estos produzcan, de crecimiento del empleo digno, de justa remuneraci贸n del trabajo, de combate serio a la pobreza y para la consolidaci贸n, una vez m谩s, de la clase media y sus valores en el pa铆s.

La consolidaci贸n de la negociaci贸n tripartita debe ser otro objetivo. Nos comprometemos al fortalecimiento de la negociaci贸n colectiva y los Consejos de Salarios, dotando a los actores sociales de la informaci贸n, las pautas y las t茅cnicas necesarios para mejorar, fortalecer y hacer m谩s transparente el proceso.

Pero hay que seguir avanzando. Para ello comprometo la negociaci贸n colectiva en el 谩mbito de los trabajadores p煤blicos, con Consejos de Salarios genuinos a nivel de la Administraci贸n Central y mecanismos id贸neos y efectivos聽 para la negociaci贸n en las Empresas P煤blicas.

Necesitamos acuerdos de largo plazo que permitan racionalizar el Servicio Civil y la estructura salarial del Estado desde una perspectiva moderna de capacitaci贸n y gesti贸n de los recursos humanos, la incorporaci贸n de tecnolog铆a y el mejoramiento de los servicios a los ciudadanos

En el mundo de hoy la confrontaci贸n como sistema es una falacia. A la vista est谩. Quienes logran cooperar en el contexto de la justicia y el respeto en las relaciones entre el capital y el trabajo progresan, crecen, reparten mejor.

Sobre todo, crean condiciones para la construcci贸n de una sociedad m谩s justa. Quienes reconocen que el capital y el trabajo, ambos, son necesarios para el progreso de todos 鈥搚 hay en el Uruguay organizaciones de trabajadores y de empresarios que lo saben–聽 son los verdaderos constructores del futuro.

Si lo hacemos, en un futuro en nuestro pa铆s tambi茅n estar谩 escrito en la piedra que 鈥渓a concordia fue posible鈥.

 

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